Ni se le ocurra, acá no le falta el “Sancochito”


Esta historia hace referencia a esos momentos del pasado y presente que lamentamos en el futuro, nos toca como hijos, hermanos, padres, esposos, familiares y amigos.
Algunos se identificarán con risas, otros con nostalgia y otros más extremos con llanto, porque le aseguro que algo similar le ha pasado a usted o algún conocido.
Esta historia en particular le ocurrió a un querido amigo al cual por razones de seguridad llamaremos Juan (lo de seguridad lo entenderán al final)
Un día cualquiera le pregunté a Juan: ¿si hubieses podido ser algo que no pudo ser en el pasado que crees que serías hoy?
Y se dejó venir con estas 3 historias que sólo me llenaron de risas, sorpresas y una profunda reflexión al final dado que hoy soy padre y esposo.
Juan:
Papá quiero irme a trabajar con mi tío Javier. El tío Javier se dedicaba al lucrativo y peligroso negocio de la exportación de materia prima para la “industria farmacéutica de los Estados Unidos” era el dueño del aviso, el jefe, el patrón.
Un día cualquiera el tío fue de visita en la casa de Juan teniendo este último alrededor de 16 años le dijo: mijo cuando quiera se viene a trabajar conmigo y sacamos toda esta familia adelante. Juan viendo como su padre y madre luchaban para traer lo necesario a casa, darles educación, alimentación y vestido se dijo: yo puedo hacer algo más y ayudar a mis padres. 
“Papá está decidido me voy a trabajar con el tío Javier”
La acertada respuesta del papá:
Ni se le ocurra, ¿es que usted no sabe que su tío Javier es un mafioso?  Si se va con él termina mal, muerto o en el mejor de los casos  en una cárcel, quédese mijo que acá no le falta el “Sancochito”
Como hijo respetuoso de sus padres y considerando que su papá solo quería protegerlo Juan respondió: Bueno señor y se quedó.
Al cabo de unos 7 años el tío Javier y su familia fueron terriblemente asesinados en su ciudad natal Fue entonces  cuando  Juan entendió el mensaje y atinado consejo de su padre.

Años más tarde Juan se había convertido en el administrador de un prestigioso hotel de la ciudad, a este llegaron a hospedarse unas personas provenientes de los Estados Unidos dedicadas a la producción cinematográfica y cuyo objetivo era hacer unas tomas en el paisaje Cafetero para una película que se iba a rodar  basada en la novela Cien Años de Soledad de nuestro Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.
Juan fue contratado como asistente de producción y todo empezó a marchar “de perlas” buena paga, trabajo bien valorado y reconocido, reconocimiento público, buena comida, y excelentes relaciones con los extranjeros. Finalizando el rodaje en estas tierras a Juan le  proponen  irse para los Estados Unidos haciendo parte del equipo técnico, Juan ni corto ni perezoso inmediatamente dio el sí.
Al informar en su casa su padre le respondió: Usted no sabe cómo es esa gente por allá, ellos son formales sólo acá, imagínese usted por allá sólo, sin poder llamar, uno sin poderle ayudar, usted no sabe el idioma, las costumbres, no, no, no,  allá lo van a volver es un esclavo. Mijo “Ni se le ocurra, acá no le falta el sancochito”
Juan como buen hijo respetuoso de su padre desistió de la oferta para él  pero hizo el deber de recomendar un utilero que tenía bajo su cargo el cual le había solicitado que por favor, si Él no aceptaba el ofrecimiento lo recomendara, que su familia era humilde, vivían en un barrio invasión en las afueras de la ciudad y no tendría inconveniente alguno en salir del país en busca de un mejor futuro, era la oportunidad de oro. Juan con algunas reservas sobre el desempeño laboral de este utilero se puso en la tarea de recomendarlo.
Miren, yo no puedo pero les recomiendo este muchacho, eso es como si estuvieran conmigo, a ojo cerrado llévenselo,  los extranjero sin muchos titubeos se lo llevaron.
8 años más tarde Juan se encontró con la “antes humilde” madre de su ayudante, ya en este momento una acaudalada señora de  la ciudad, con buses, taxis y algunas propiedades en bien raíz que le significaban algo así como unos 2.000 millones de pesos y unas rentas extraordinarias. Al preguntar por su amigo la madre de este le contestó: ese muchacho es una bendición, desde que se fue a trabajar a los Estados Unidos con esa gente del cine no ha hecho sino progresar, es una máquina de hacer dinero, te cuento que hoy ya es doble de cine en Hollywood y vivimos muy bien, Juan mil gracias por haberlo recomendado.
Hoy esa fortuna está estimada en algo más de 5.000 millones de pesos y creciendo.

Luego de unos años Juan fue víctima de esa terrible práctica de algunos bandidos de Colombia y fue “Escopolaminado” en medio de su convalecencia Juan veía un programa de concurso de la TV Colombiana llamado El Show de Jimmy, en esta ocasión había un acumulado de $1.500.000.
El concurso consistía en acertar el nombre y autor de una canción que  Jimmy Salcedo tocaba al piano, en la casa de mi amigo estaba únicamente su señora madre,  3 minutos antes del inicio de la llamada millonaria llegaron su padre, hermano y hermana pero se quedaron en el primer piso.
En una corazonada mi amigo le dijo a su señora madre: dile por favor a todos que suban “que tal y caiga acá”
Dada su condición de convalecencia la familia de Juan no acató ese primer llamado por considerar que aún estaba siendo influenciado por las drogas recibidas. El tema central en la casa era como iban a sacar a Juan adelante de todas las deudas  que había adquirido al momento del incidente. Cuenta Juan que una de las cosas que caracterizaba su familia era la “precisión en el gasto” el momento económico era ese donde cada uno tiene solamente para su pasaje, así de estrecho era el tema. Pero que justo el día del suceso ingresó a su casa y a todos les solicitó le prestaran un dinero para un negoció buenísimo  y urgente. Todos sin vacilar sacaron dinero de donde no había, prestaron con los vecinos, con el de la tienda, la modista, el del chance, la carnicería, la tía,  en fin,  a dinero de esa época lograron recolectar unos $200.000 y lamentablemente también cayeron en manos de los delincuentes.
Al iniciar la llamada millonaria y caer esta en la ciudad de Manizales Juan observó que los primeros números coincidían perfectamente con los del número telefónico de su casa,  gritó a sus familiares y les dijo “suban, va a caer en Manizales” inmediatamente todos subieron  y frente al  TV de formato blanco y negro  aún Jimmy Salcedo tocó “La Porra Caimanera” su hermano músico en aquel entonces y el único que se salvó del robo dado que los instrumentos estaban bien custodiados le dijo:  conozco la melodía y el autor, si cae acá ganamos. Efectivamente y como un imposible de esos difíciles días la llamada cayó en la casa de Juan, este contestó el “Santo y Seña” y posteriormente en comunicación con el hoy fallecido Jimmy Salcedo dio la respuesta correcta a la pregunta que entregaba el gran acumulado de $1.500.000.
Momentos me emoción, gracias a Dios y bendiciones en el hogar de Juan; sólo júbilo y gloria se respiraban en el ambiente, la casa se llenó de vecinos y familiares, las llamadas de felicitación no se hicieron esperar  especialmente de aquellos a los que Juan les había quedado debiendo dinerito producto del asalto.
 Para entrar en el contexto actual les puedo decir que mi querido amigo se ganó unos 110 salarios mínimos de la época,  algo +/- cercano a los  $80.000.000 actuales.  
Juan actuó como un “verdadero y buen colombiano” cumplió muuuchos de sus sueños: pago  las “populares culebras” se hizo el respectivo mercado con “de todo”  reparó la nevera, compró lavadora, compró teléfono de teclas para cambiar el de disco,  compró ropa para todos, hizo la fiesta, le pago deudas a sus familiares, pagó los créditos,  le cambió suela a los zapatos y tapas a los tacones de las muchachas de la casa, mejor dicho, arregló hasta la bicicleta.
Con más calma y atendiendo consejos  Juan pensó en comprar una de las famosas cafeterías “FERNANDEL” de Manizales, lindo negocio, acreditado y sobre todo rentable.
Papá invertiré algo de este dinero en la compra de una cafetería de Fernando, la está vendiendo.
Respuesta del padre: mijo si la está vendiendo es porque es por algo, ese hombre no da “puntada sin dedal” debe ser que está quebrado, eso es para problemas, no se meta en líos mijo, es mejor estar tranquilo,  mire que “acá no le falta el sancochito”  más bien pintemos la casa.
Al final el dinero se agotó, se encontró la tranquilidad de no tener deudas y se tuvo que cambiar el número telefónico porque no aguantó el asedio de las “chicas” invitándolo a salir, amigos, extorsionistas,  estafadores, en fin.
Con ese asunto se cambió la dinámica de los concursos en TV;  ya no pudieron volver a revelar  el número telefónico completo porque los ganadores no aguantaban los teléfonos repicar. Hoy Juan es una persona de bien, casado con una hija, con un experiencia invaluable, hombre de ideas, disciplinado, inteligente, un desempleado más de este país, el dinero se acabó, lo último que recuerda de este es que con el rezago se pintó la casa e hizo un buen sancochito.

Así pues amigos, antes de dar un “sabio consejo” recuerde esta historia, tal vez el “Sancochito” no sea todo en la vida.

Comentarios

  1. De una manera amena, tocas varios puntos significativos en nuestra realidad nacional y que me impactan de tu escrito.
    El primer punto es la realidad que ante las penurias económicas en las que viven el 90% de los Colombianos, la tentación de producir dinero rápido a costa de asumir grandes riesgos, siempre tienen el mismo trágico final. El narcotráfico y sus actividades complementarias han ocasionado un daño irreparable en la historia socio-económica y en la estructura de valores en nuestro país.
    El segundo punto, y que me tocó vivir en carne propia, es la realidad migratoria, que por diferentes circunstancias, es el desarraigo total en búsqueda de oportunidades que pensamos no podemos encontrar en nuestro país. A muy alto costo muchos han logrado quedarse y viven prendidos de cuanta noticia publique lo malo de Colombia y que justifique el tedioso exilio de estar lejos de todo.
    Pero lo que mas me impacta de este escrito es “el sabio consejo”, perdido ya en la intolerancia de nuestra juventud actual, que cree saberlo todo, que no escucha y que ha cambiado los valores, cimiento vital de la sociedad, por anuncios de televisión y por los libros comerciales de Chopra.

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