CONSULTAS POPULARES, NI TANTO QUE QUEME AL SANTO, NI TAN POCO QUE NO LO ALUMBRE
Muy
de moda están en el país las consultas populares, un mecanismo ciudadano que
permite decidir si algo se hace o no, y es potestativo del pueblo, bien, me
gusta el mecanismo. La participación, el
sentir, la voz de los colectivos ciudadanos se hace juzgar con una consulta que
mide sus resultados mediante el conteo de votos.
Recientemente
y al son de un café, discutía con algunos amigos sobre la pertinencia de la
medida del gobierno nacional con el impuesto al uso de las bolsas plásticas,
algo en lo que como cliente sigo sintiendo que he perdido y aún no veo el
beneficio para mí. Ambientalmente si hay ganancia, pero ello no debe implicar
que perdamos lo ganado; tenemos que encontrar alternativas justas. En esa misma
conversación abordamos el asunto de las consultas populares, algunas de ellas
exitosas en su propósito de destituir gobernadores, alcaldes, concejales, y proyectos mineros y petroleros, ahí me
detuve, con mucha preocupación, esto no debería ser objeto de una consulta popular dije,
esto, como el caso de las bolsas plásticas debería ser una política del
gobierno nacional, algo en lo que el pueblo no debería entrar a decidir; al
menos en Colombia, suena fuerte pero no considero que hoy los ciudadanos
tengan las suficientes garantías laborales, de justicia social y acceso a la
información como para someter a toda una región y en general al resto del país,
a los nefastos efectos económicos de un NO rotundo a la explotación minera y petrolera.
Antes
de que me vuelvan ropa de trabajo mis amigos de la ola verde, me explico. Soy un
convencido de que todos los proyectos se pueden ejecutar responsablemente, esto
incluye por supuesto el asunto ambiental, hoy, el más relevante de todos los
aspectos a considerar; no obstante, no es el único aspecto de importancia, también
lo son entre otros, la sostenibilidad de las familias que derivarán su sustento
de esos proyectos, el progreso del país y las regiones que reciben las regalías
por la explotación minera y petrolera. Al parecer perdimos de vista esto y nos
concentramos en lo meramente ambiental, importante, sí. ¿Lo único a evaluar? No.
Los
impactos en la economía del país de cuenta del NO rotundo a la explotación
minera y petrolera son de proporciones mayúsculas.
Observemos:
Por
cuenta de las regalías el estado recibe alrededor de 9 billones de pesos
ANUALES, cifra con la que divinamente se pueden adelantar obras en el país del
corte de carreteras, casas de interés social, acueductos, alcantarillados,
estabilización de tierras, se pueden girar recursos a las Universidades, SENA,
ICBF, entre otras, para que se haga una idea clara con menos de esta cifra se construirían
alrededor un millón de casas de interés social; así de sencilla la cuenta, esto sólo de las
regalías, no he pensado en las miles de familias que podrían derivar su sustento,
progreso, educación y diversión de cuenta de los empleos que genera esta fuente
de empleo e ingresos.
Catastrófica
resultará para el país la moda de las consultas populares en contra de la
minería y la explotación petrolera, las cifras no son nada alentadoras y en mi criterio
este asunto tan mal manejado como va, sólo llevará a incrementar los índices de
desempleo y pobreza del país.
En
una mirada somera, rápida, encontramos: la explotación minera y petrolera hasta
hace unos 5 años tenía a Colombia como foco de inversión de los extranjeros,
esto deriva por supuesto en empleos directos, indirectos y dinamiza casi todos
los sectores productivos del país. Pero hay algo más que las personas no están previendo
en este asunto, Colombia nunca había tenido en su historia tal perspectiva de
crecimiento, tal vez sea posible comparar ese momento con la bonanza cafetera,
las personas tenían esperanza a todo nivel, el país crecía y se hicieron
grandes inversiones, pero hoy no la estoy viendo tan clara.
En
cifras: en el año 2014 Colombia
había logrado el honroso puesto No.20 del ranking de países productores de petróleo,
y digo honroso porque son alrededor de 130 los países productores; tan pronto
pasara la barrera del 1.000.000 de barriles diarios y se sostuviera, lograba una
silla en la OPEP, algo importante, trascendental y en algún momento del año 2015 lo logramos, se produjeron 1.005.000
barriles diarios, pero vino la decadencia, la inversión empezó a temer, la ola verde nos llenó de culpa, las consultas
populares generaron amenazas, miedo al inversionista y todo lo anterior generó pánico.
Hoy
la cosa no se ve fácil, de seguir así, Colombia tiene una perspectiva de crecimiento
negativa en la explotación petrolera de tal magnitud que para el año 2022 nos
veríamos en la obligación de importar petróleo puesto que sólo se estarían
explotando unos 464.000 barriles diarios, es decir, el retroceso sería a cifras
del año 2004, cuando únicamente explotábamos 492.000.
Las
consecuencias serían devastadoras y el otro gran asunto que no se está considerando
y que nos afecta a todos, es que el estado debe seguir funcionando, y como no
hay ingresos por esta vía no habrá otro remedio; seguramente se vendrá un IVA
más alto, una de las posibles cargas impositivas que darían la solución al roto
que dejaría el NO que le estamos dando a la explotación minera y petrolera.
Hoy
tenemos alrededor de 20 pozos activos de petróleo, y en exploración unos 50, de
esos 50 unos 12 están amenazados por consultas populares, consultas que curiosamente le
cuestan al país una suma bastante importante, suma que pagamos todos, pagamos
para decir que no queremos explotación minera y petrolera y que no queremos en
consecuencia, recibir regalías. Así somos los colombianos. No medimos las
consecuencias, solo nos llenamos de rabia, en eso si somos expertos y no nos tienen
que enseñar.
Grave
panorama, puesto que no está en riesgo cualquier cosa, ni el futuro de unas
cuantas multinacionales o ricos, no. Está en juego nada más y nada menos que el
20% del ingreso corriente de la nación, en palabras más claras, de cuenta del
IVA, tributos, regalías y demás de la industria petrolera desde el año 2010 se
han recibido alrededor de $60 billones de pesos en aportes que finalmente terminan contribuyendo
al crecimiento social.
La
misma historia, pero con diferentes cifras vive la explotación minera en
Colombia, Carbón Oro y otros se están viendo afectados por las Consultas
Populares, por la negativa de los pueblos a la exploración y explotación, peligrosísimo.
Recordemos que una cosa es la explotación y otra el uso; en Colombia sólo
usamos el 6% del carbón que explotamos, el restante 94% lo exportamos, lo vendemos
al exterior. Haga esta cuenta fácil, con la explotación de carbón en el departamento
del Cesar se cubre el 42% de su PIB, nada más, así de fácil, así de nefasto
sería negar la explotación, en esas y más grandes proporciones.
Somos el primer
explotador de carbón en Latinoamérica y el décimo en el mundo, no tenemos
porque perder esas posiciones, no hay razón si lo hacemos responsablemente.
Mala posición puesto que se está tornando en un efecto contagio, y como allí
funcionó, hagámoslo acá, y como acá funcionó, volvámoslo una costumbre
nacional, una “colombianada” más. No es así amigos, no podemos estar firmando
cualquier cosa porque sí, porque está de moda, porque firmemos o votemos para
quitarnos a este cansón de encima, porque estamos colaborando con una noble
causa, porque le estamos dejando un mejor planeta a nuestros hijos, o porque es
una forma de “expiar nuestros pecados ambientales”. No, así no. Nos estamos
convirtiendo en el país del NO.
No
nos puede pasar lo del Reino Unido con el BREXIT, firmaron con orgullos
infantiles, infundados, sin criterio, sin discernimiento, ganaron, y luego al
hacer el balance de la ganancia, notaron que habían perdido. La primera gran
conclusión es que el chistecito afectará de manera severa la competitividad de
los negocios y de la industria Europea, y paso seguido y en consecuencia, golpeará
de manera contundente la economía de muchas familias, del país.
Lección
aprendida amigos, nosotros no somos Reino Unido, no tenemos sus mismas opciones
económicas para sortear esos embates, a nosotros nos queda más difícil. Así que
lo que debemos hacer es documentarnos, leer, consultar a expertos, ir, venir y
discernir.
Soy
un convencido de que todos los proyectos se pueden ejecutar, con conciencia
social claro está, con responsabilidad ambiental, con rentabilidad, con
justicia laboral y con todos aportando y ganando; el empresario, el empleado
formal, el informal, las regiones, el país, el planeta. Necesitamos simplemente
quitarnos la coraza del SÍ o la del NO rotundo, debemos revestirnos de sensatez,
ese es el vestido que necesitamos para decidir, no es más. Con ello podremos
exigir lo exigible, aportar lo posible, y obtener lo necesario para que el país
progrese y de la mano de este progreso todos los colombianos crezcamos.
Por
ello pienso que acá cabe perfectamente el viejo refrán que tanto le escucho a
mi madre: “ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre”,
es pues un asunto de justas medidas, de verdadera conciencia, la conciencia que
favorezca al país y en el país tenemos que caber, progresar y convivir todos. Cuando
se trate de políticos corruptos, de malos gobernantes, y de incumplimientos no
dude en asistir a la consulta y votar SI. Cuando se trate de minería, petróleo y
progreso haga una buena labor y hágasela al país, documéntese.



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