SIN REDES SOCIALES


Te has preguntado ¿qué pasa si de un momento a otro decides dejar tu vida digital, tu vida en las redes sociales, tus comunicaciones vía chat?

Pues no mucho, he realizado este ejercicio por dos meses y esto es parte de lo que he encontrado.

El primer día luego de desinstalar las aplicaciones de Facebook y la plataforma de comunicación Whatsapp la reacción instintiva es tomar el teléfono para verificar que mensajes se tienen o que ha pasado en la vida de tus contactos. Pues nada, no hay nada que ver. Me veo tentado a volverlas a instalar, pero sobreviví a ese primer día.

La noche, antes de acostarme, sentí que mi día había sido largo, que algo faltaba, una tremenda sensación de vacío y lo mismo, no hay información para ver ni mensajes que leer.   
Ese primer día, creo haber tomado el teléfono unas 20 veces para revisar, nada, no hay nada y tampoco pasaron cosas extraordinarias

Las primeras reacciones las tuve de amigos, se dejaron venir a los tres días, me llamaron para preguntar por qué no respondía los mensajes y/o confirmar si había leído algo que me habían escrito, consideraban importante y extrañaron mi respuesta que casi siempre era inmediata.
De ese tipo de llamadas tuve 2, en la primera semana.

La tercera llamada se presentó en la segunda semana y fue para preguntar si me encontraba bien y de paso saber si “estaba de pelea con el mundo”

Tercera semana. A esta altura ya no miro el teléfono, solo lo tomo para transportarlo y realizar mis llamadas laborales y/o personales. El único medio escrito que hasta ahora uso son los mensajes de texto con mi jefe y mi familia, nadie se ha atrevido a escribirme el primer mensaje de texto (tipo SMS), ya esta forma de comunicación pareciera en desuso.

Reviso el correo electrónico personal diariamente y solo encuentro publicidad y las facturas electrónicas de los bancos con los que tengo obligaciones. No hay ningún mensaje de amigos y/o familiares, tampoco hay vídeos, fotos ni chistes. Nada especial. Los días transcurren livianos y el mundo parece tranquilo, sonrío, observo y medito con más frecuencia. El día parece rendir más.

Cuarta semana. No tengo ninguna cita, ni labor social programada, nadie me ha contactado para tal fin, y yo tampoco. La cosa va como bien, me está gustando.
Nadie me ha cuestionado el haber dejado de un momento a otro y sin avisar el mundo digital. Mi vida sigue normal, continúo laborando y realizando mis tareas cotidianas. Eso sí, todos los días llego más temprano que de costumbre a casa.

Este ejercicio lo inicié con la posibilidad de enviar y recibir unos 800 mensajes de texto que me ofrecía mi operador celular, pasados 30 días aún tengo disponibles 750, el 98% de los mensajes han sido enviados a mí familia.

Pasados más de 30 días he recibido solamente 6 llamados para indagar que pasa y si estoy bien, 4 mujeres y 2 hombres
Aún se revisa el teléfono instintivamente, unas tres veces al día, siempre que lo tomo y recuerdo que no tengo nada que ver, me da mucha risa, costumbres.
En las llamadas que realizo le informo a las personas que no tengo ni tendré contacto vía Whatsapp, ni Facebook. Todos preguntan que si me pueden llamar, o que de que otra forma me contactan; a esto respondo que vía SMS, por supuesto la llamada y el correo electrónico.
Sólo una persona me contactó vía Twitter que fue la única red social que dejé activa e instalada en el teléfono móvil. En realidad estoy tan bien con el ejercicio que la reviso muy poco.
He notado que en las noches me tomo más tiempo para leer, libros impresos.

Todos los días me tomo un momento para observar a las personas muy atentas a su celular en las calles, en los sitios de comida, en los buses. De cada 10 pasajeros de bus, 7 (siete) están revisando su teléfono, la posición es inclinada, nadie toma o lee en su teléfono en línea de vista horizontal.

Pasadas 5 semanas he tenido algunas dificultades menores, esto por la falta de Whatsapp, se trata de las comunicaciones con los familiares y amigos en el exterior, en lo local todo se ha sorteado fácilmente.
He visto mis amigos pocas veces, sólo me he reunido con 2 personas al son de un café, usualmente cada noche concertaba citas para tratar diversos asuntos.

Para la sexta semana mi operador de servicio telefónico fue suspendido de servicio, ello me obligó a cambiar de operador mas no de número, pero el proceso de portabilidad me deja por fuera 5 días, en esta situación solo recibí una llamada por el teléfono fijo de mi oficina (mi hijo)

La séptima semana del ejercicio otro amigo me contactó vía Twitter y me preguntó si había cambiado de número celular.

A esta altura puedo decir que nada extraordinario al respecto del alejamiento de las redes ha ocurrido en mi vida, pero si debo contarles que me siento más liviano y con ganas de no volver a conectarme, la sensación de que hay mensajes por contestar y cosas pendientes ya no existe en mí, hay total tranquilidad.

A la altura de la octava semana no siento la falta de la conexión, mi vida es muy tranquila y no siento presiones.
Un amigo me ha contactado telefónicamente para que le ayude en una pequeña labor social, lo hice y no hubo preguntas de si regresaba o no a las redes sociales, de hecho creo que ni se había percatado de ello, la necesidad de ejecutar la labor era tal, que simplemente me llamó.
Debo declarar renta y la comunicación con el contador fue vía llamada, mensajes de texto y correos electrónicos (que levantada la que me metió la DIAN)
Estuve en una reunión de trabajo (6 personas conmigo) tres miraban sus celulares y los otros tres estábamos en la reunión

En la novena semana ya me encontraba de vacaciones, ya noto la espectacular diferencia de estar alejado de las redes, tampoco estoy viendo televisión, me siento despejado, el teléfono es solo una herramienta para comunicarme, ya pocas personas me llaman o buscan para algo y mediante los mensajes de texto me comunico con mi familia, a todo quien he necesitado, he llamado.
Ya empiezo a notar en las demás personas la gran dependencia, dinámica y costumbres que tienen con sus teléfonos móviles y sus aplicaciones, ya me parece hasta gracioso verlos a cada instante revisar sus plataformas de comunicación. Sus posiciones “gachas” su “hábil” forma de caminar y esquivar obstáculos mientras revisan sus móviles y/o contestan mensajes, observo por ejemplo que en un bus las personas ya no miran por la ventana solo están pendientes de sus teléfonos móviles, el pasajero del taxi ya no habla con el conductor, y las personas que esperan por alguien en cualquier esquina, siempre están concentrados en sus teléfonos móviles.

Para este momento mi teléfono suena por llegada de mensajes de texto una vez en la mañana y unas dos veces entre la tarde y la noche.
No sé qué pasa en la red social Facebook y no tengo ganas, tampoco me inquieto por entrar a revisar, no me doy cuenta quien cumple años, quien viaja, quien come, quien está feliz, quien tuvo un logro, ni quien está de pelea con la vida, me he enterado del cumpleaños de un par de amigos porque alguien me contactó para informarme que ese día un compañero del colegio estaba de onomástico y que en el chat lo estaban “felicitando” entre comillas porque dudo mucho que en ese chat lo estuvieran realmente felicitando, con ese “calibre de chat” lo más seguro es que lo estaban era “levantando por cucho”

Me enteré por una llamada telefónica que en uno de los chat a los que pertenezco se desató una amable discusión por cuenta de mi ausencia, parece que el asunto no pasó a mayores. Espero que haya sido porque en ese chat en particular soy el mayor proveedor de información “de último minuto”
En otra ocasión observé una chica que caminaba y escribía en su móvil, no observó un bolardo y el porrazo fue descomunal, confieso que me reí con algo de fuerza, mejor dicho lloré de la risa.

No ha sido más por ahora, nada extraordinario, estoy a punto de iniciar mi viaje de vacaciones y estaré completamente desconectado y estoy seguro que nada ocurrirá, solamente que tendré más tiempo para ver y sentir ese viaje.

Dos semanas después puedo contarles que el viaje estuvo genial, desconectado por completo, todo el tiempo era para contemplar y disfrutar, no tuve contacto alguno con el teléfono móvil (salvo un par de problemas con mi banco que me obligaron a tomar el teléfono para llamar) Absolutamente nada pasó, ni correos electrónicos revisé
Al regreso de mi viaje me enteré de la enfermedad de dos amigos, una mujer y un hombre, nada fáciles las enfermedades, al momento de escribir este texto ya había coordinado la visita a uno de ellos.

El día 70 instalé de nuevo la aplicación Whatsapp en mi teléfono móvil, 3735 mensajes represados, no tengo el registro del número de imágenes y videos que llegaron, esto es el resumen de 20 grupos a los que pertenezco y todos los amigos con los que interactúo casi a diario y a los que no les avisé que me ausentaría.


El regreso y la lectura de muchos de esos mensajes (no todos por supuesto) me hacen sonreír, enterarme de algunas situaciones, volver a interactuar, actualizarme de que hay en la vida de mis familiares, amigos y en el mundo
El caso de las redes sociales es especial, pasan muchas cosas en la cotidianidad de las personas, cosas alegres, tristes, amargas y otras muy, muy felices, y casi que todo se puede ver allí,  pasa también la vida y nos pasa el tiempo atentos a ellas, nos estamos perdiendo momentos increíbles, estamos perdiendo la posibilidad de observar y vivir los colores de la ciudad, de la vida, conversar y mirarnos a los ojos se está volviendo un momento de “lujo” y de poca ocurrencia, las redes amigos, nos consumen.

Luego de este ejercicio y corta ausencia he decidido cambiar los hábitos con el equipo celular y de cómputo, no lo tomo mientras estoy con mi familia, ni cuando estoy al café con mis amigos, menos en mi jornada laboral, ahora me doy a la disciplina de poner horarios para atender los mensajes, y me doy de nuevo la oportunidad de vivir a las personas, de vivir sus miradas, palabras y sonrisas. Al fin y al cabo, el teléfono es inteligente, almacena los mensajes y registra las llamadas que no contestamos. La verdad se gana mucho y las pérdidas son pocas.
A 90 días de iniciado el ejercicio y ya en el mundo digital de nuevo, puedo decir sin temor a equivocarme que nos estamos olvidando de vivir, estamos perdiendo el respeto y la complacencia por la compañía y/o presencia de las personas,  he decidido regresar al mundo real y no es necesario renunciar al divertido mundo digital, todo en su justa medida, con las respectivas limitaciones y por encima de cualquier consideración hay que tener respeto por las personas que están a nuestro lado.

Una de las muchas conclusiones de este ejercicio es que si te vas sin avisar, es mejor informar al regresar, porque algunas personas llegan a pensar que te has molestado con ellas, que las borraste de los contactos o lo que es peor aún, que los borraste de tu vida.
Algo divertido que observé es que el 99% del flujo de información que gestiona Whatsapp es “inservible” hablo de chistes, memes, imágenes y “contenido para adultos” mejor dicho, donde al gobierno le dé por perseguir también a los proveedores de chistes, fotos y el “negro del Whatsapp”, el 99% de esos chats se queda sin oficio y seguramente Whatsapp tendrá más livianos sus servidores.

Fue una divertida y entretenida experiencia, hasta la próxima y gracias por leerme

Comentarios

  1. Hermano.
    Ojalá tuviéramos el valor de soltar éste aparato siquiera por un rato.
    Que linda seria la vida.
    Pero mire.......
    Aquí leyéndolo y escribiendo con un tel en la mano y un café caliente que se enfría..

    Un abrazo papá...

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  2. Gus, que gusto saludarte, mil gracias por leerme y así es, ya es difícil soltarlos.

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