Hola Ramón
Hola Ramón, te escribe
Carlos, el compañero de viandas en Puerto Boyacá-Colombia.
Hoy les quiero compartir la
historia de Ramón, un fiel compañero que acompañaba mis solitarias noches en
Puerto Boyacá-Boyacá.
A mediados del año 2023 fui
designado para dirigir un proyecto de generación de energía solar al interior
de la estación de gestión petrolera más grande del país; detrás de esta
designación realmente había un reto, y este consistía en que antes del 20 de diciembre
de ese año, deberíamos estar entregando energía eléctrica proveniente de ese sistema
solar; menudo lío el que tomé como un reto profesional. De esto les hablaré más
adelante, porque el protagonista de este escrito es mi compañero de viandas,
Ramón.
Al frente de mi lugar de
residencia había en aquél entonces un emprendimiento de un par de jóvenes
hermanas, un restaurante de comidas rápidas, curiosa y hábilmente decorado,
todo allí estaba dispuesto de tal suerte que quien pasara por el frente, tenía
que virar su mirada para “ver que estaba pasando allí”. En un espacio cercado
por una malla eslabonada, sutilmente instalaron por su perímetro luces, al
interior unas sencillas pero cómodas mesas con sus sillas, bien distanciadas unas
de otras, y en el exterior, otro tipo de mesas con sombrillas para la protección
de la lluvia y el sol; buen y fácil acceso para los vehículos, ubicación estratégica,
y lo sustancial, una comida excepcional, decía una compañera del proyecto: “las
mejores salchipapas de Puerto Boyacá” y estaba en lo cierto, además de este
delicioso plato, ofrecían una carne con un sabor sin igual. Me era cómodo ir
allí, solo tenía que cruzar la avenida y listo.
Una de mis tantas noches
solitarias en esta amable población, específicamente el 27 de julio de 2023, llegó
a mi mesa, sin mediar permiso o seña alguna, quien fuera en adelante, mi
compañero infaltable para la cena en ese lugar, se ubicó a mi lado izquierdo,
me miró y en silencio me acompaño. Por su grata, cálida, alegre compañía y atenta
escucha tenía una alta tarifa que yo estaba dispuesto a pagar, su puntualidad
era única y su confidencialidad y discreción realmente no tenían precio.
Mucho gusto amigo, mi nombre
es Carlos, soy un habitante temporal de Puerto Boyacá, le dije, bienvenido a mi
mesa; tengo claro que sólo
vienes por el efectivo (por la carne), así que puedes quedarte, noto que eres
noble.
Se trataba del perrito de la
fotografía, misma que le envié a mi familia y les dije, miren mi compañía, mi
hija inmediatamente me escribió que ese perrito necesitaba un mejor hogar, que
lo llevara a casa y que su nombre sería Ramón. Así lo llame noche a noche,
nuestras citas a cenar se convirtieron en sendas tertulias, unas alocadas,
otras sofocantes, otras profundas y muchas de ellas tristes, a Ramón no le
venían juicios de ningún tipo hacia mí, siempre fiel a la cita, con una
capacidad inquebrantable de escuchar, y nunca hubo ladridos de reproche o reclamo,
solo fiestas de bienvenida.
Ramón alegraba mis noches, me
recordó dos mascotas que tuve de niño, me quitaba las pesadeces del día y con
su compañía y mirada tenía la increíble capacidad de hacerme olvidar las preocupaciones
naturales del proyecto y de la vida misma, que, por demás, en aquellos días las
pude sentir más fulminantes que nunca, fue por esos días en que empecé un viaje
al interior de mi mismo, viaje que por demás aún no termina.
Ramón fue infaltable a la
cita, noble, alegre, tan amante de la carne como yo, y un verdadero amigo fiel,
mi más atento escucha. Nunca pude llevar a cabo el cometido de adoptarlo porque
por su atuendo (pañoleta) supusimos que Ramón tenía un hogar, tal vez no
llevaba los mejores cuidados, tal vez sus dueños no tenían los recursos para darle
mejores condiciones, tal vez muchas cosas. Ramón me recuerda en mis momentos
más profundos de tristeza la canción de Alberto Cortez, Callejero, ese era Ramón,
con su particular caminar y “filosofía de la libertad, fue ganar la suya sin
atar a otros… un callejero con el sol a cuestas…la ternura que nos hace falta
cada día más…tal vez fui yo…el viejo al que Ramón rescataba de su soledad”
Les escribo para contarles
que hoy me gustaría volver a Puerto Boyacá, observar el proyecto funcionando y en
un plan sereno, caminar la población, sentarme en aquel anden a esperar a mi
callejero y en nuestro encuentro mirarle a los ojos, acariciarle y decirle de
nuevo: hola Ramón, ¿Cómo va tu vida? ¿Me recuerdas? Soy Carlos, tu compañero de
viandas, el inhumano que no tuvo el valor de llevarte a un mejor hogar,
acudo a tu inconmensurable nobleza para que me perdones, mira, acá estoy, vine
a conversar contigo, hola Ramón.
#HolaRamón
#HistoriasPerrunas
Imágenes de mi autoría, sin autorización de Ramón
para publicar.
Ah...y acá las "salchipapas"





Dulce Ramón 💙💙💙💙
ResponderEliminarEfectivamente una dulzura de perrito
Eliminar🙏👏🫂
ResponderEliminarGracias por leerme!
EliminarNo no no que es esa belleza de escrito. Tal es su descripción y sutileza que en la medida que leía, fui haciendo en mi mente cada instante una pura película de lo que me parecía estaba sucediendo. Me encanto su forma de escribir y describir su compartir con Ramón. Lástima que no lo llevo consigo para darle un hogar amoroso, respetuoso y definitivo pues quién sabe cuál será su destino . Carlos está genial como escritor . Yo sería la primera clienta pues me envolvió con la corta lectura.
ResponderEliminarGracias por leerme!
EliminarExcelente artículo, tu escrito lleva a visualizar muy claramente lo dicho, hermoso .
ResponderEliminarFelicidades tienes un don de escritor tenlo presente.
Carlitos si te vuelves a encontrar a Ramón no lo dejes ir
Gracias por leerme, seguro lo raptaré!
EliminarCarlitos! Hola Ramón cumplió su misión de vida de acompañarte! seguro ahora será la compañía de otro comensal✨que lo hayas tratado con cariño fue su mejor recompensa. La Nobleza!!
ResponderEliminarGracias por leerme, así fue, un perrito amoroso!
EliminarQue historia tan especial cuando los actores también lo son.
ResponderEliminarRamón me parece que es un punto focal de una experiencia personal y esto constituye a mi modo de ver, lo más especial de un relato ameno y profundo que nos convoca como invitados silenciosos.
Excelente
Gracias por leerme, efectivamente hay mucho de mi en este escrito.
EliminarHola. Felicitaciones por tu historia 👏👏👏 realmente me llevaste a vivir ese momento tan mágico y espero que vuelvas a encontrarte con Ramón 🐶.
ResponderEliminarGracias por leerme, espero de verdad volver a ese encuentro.
EliminarUn escrito genial lleno de emoción, fan número 1 de Ramón
ResponderEliminarGracias por leerme, #SomosRamón
EliminarVamos por Ramón!!
ResponderEliminarGracias por leerme, hay que ejecutar ese plan!
Eliminar😪 Que maravilla ese Ramón, cuantos de wsosos pasan por nuestra vida sin que nosotros nos atrevamos a mas que compartir unas viandas sin permitir que entren a ella. Lo que me hace reflexionar sobre el miedo que tenemos de elegir a algún Ramón.
ResponderEliminarGracias por leerme, es así, fui cobarde por no elegir y raptar a Ramón. Saludos MariJuli!
EliminarHace rato no leía algo tan especial y que atrapara mi atención 🥹
ResponderEliminarEspero vuelvas a ver a Ramón y que la historia tenga el final feliz que todos esperamos...
Gracias por leerme, espero voverlo a ver, y esta vez me lo traigo! Saludos!
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