Elecciones Presidenciales, No Aprendamos a Odiar

Se acerca ya un momento decisivo en el futuro de nuestra nación, las 2das elecciones presidenciales luego de que el país decidiera tener la posibilidad de reelección.
Las ofertas no son nada despreciables, las apuestas empiezan a sonar y la mía es y será siempre por una mejor Colombia, por un mejor futuro, mi apuesta es creer.
Creer como el único camino hacia la anhelada paz que todos los Colombianos decimos querer, esto además de un deseo y/o un anhelo debe tener coherencia con nuestro decir y actuar. Lo anterior lo digo porque en medio del ejercicio de la pedagogía democrática me he encontrado con diversos comentarios acerca de la política del país y sus gobernantes, es así como he encontrado personas que decían no volver a votar porque esto está lleno de ladrones, a lo que yo simplemente me limitaba a escuchar y luego preguntar ¿A quién ha visto robar? R/ Yo no, es lo que dicen, personalmente no he visto robar a nadie. ¿Ya denunció? R/ No.
 Imagino entonces que al dirigirse en esos términos no tan amables a la clase dirigente debo asumir que jamás ha comprando licor y/o mercancía de contrabando, que jamás ha comprado películas y cd´s de música pirata, que siempre compra con factura y que nunca le pide a su contador que haga triquiñuelas para pagar menos impuestos entre otras.
 Siendo así y tratándose de una persona honorable no le queda bien hablar mal de los demás, primero porque nunca los ha visto robar, segundo porque no está limpio de pecado y tercero porque esta es la nación que nos está tocando vivir y no hemos querido empezar a cambiar.
¿Cómo cambiar? No es fácil pero tampoco imposible. Lo primero está en nosotros, en usted como ciudadano de bien y que quiere ver una mejor Colombia. El ejercicio empieza por dejar a un lado los comentarios del común; en un escrito anterior comentaba que hacer política desde las cafeterías, comedores y salas de las casas es la cosa más sencilla del mundo, venga lo invito a vivir la política y se dará cuenta de la “verdadera realidad”.
Evite ser emocional, no crea en todo lo que dicen los medios noticiosos, dele tiempo al discernimiento, a la sensatez, a la cordura, a un buen ciudadano le queda muy mal y créame que se ve muy feo estar criticando todo y en todo momento, eso lo pone a rayar con un “mamerto” del cual ya también escribí.
Es mejor que sus hijos, familiares y amigos lo vean como alguien propositivo, alguien que cree, alguien que se compromete. Eso le aseguro, es muchísimo mejor y ayuda a cambiar, recuerde que las palabras conmueven pero el ejemplo arrastra y si usted empieza los demás lo imitarán.
Hablar mal de un gobierno cualquiera que sea no está  bien; hacer una crítica es otra cosa y los Colombianos hemos sabido confundir esto de una manera espectacular, inconsciente y por estos días con un componente mediático increíble. Hemos perdido el respeto por las personas, sus dignidades, entidades, el respeto propio, peor aún, el respeto por las ideas de los demás y por el dolor ajeno.
Acá es en mi criterio donde empieza el verdadero cambio. Piense por un momento en lo que es correcto, no piense en lo que dicen los demás, piense en usted, su familia, su entorno, sus valores, los valores sociales, sus deberes ciudadanos, religiosos, espirituales, humanos y luego piense que los demás también piensan igual y si no lo hacen usted cumplió con lo suyo, lo correcto, ese es su aporte. Como lo ha hecho cada gobierno, ellos no son malos,  usualmente son bien intencionados, pero en el camino se presentan dificultades, funcionarios que por un instante deciden no actuar dentro de los parámetros correctos y se salen del sendero. ¿Eso hace el gobierno o al gobernante malo? R/ No.
 No porque tal y como somos usted y yo,  el gobernante tuvo un error, un mal momento, como todos los hemos tenido en la vida, eligió mal a su funcionario; y este a su vez tuvo un momento o muchos de debilidad.
Así las cosas, no es sano que estemos criticando el procesos de paz sin saber qué es lo que está pasando, ¿Ya se leyó el documento de los avances de la mesa de diálogo? O ¿Sólo lee y ve titulares noticiosos? O ¿Sólo lee lo que dice un amigo en la red social? Cuidado. Discierna, tenga criterio propio, lea, entérese, tome una sana posición.
 Mi posición sobre el proceso de paz es la misma, quiero que se firme. Y quiero que se firme porque considero que es la mejor manera de que el país avance, 50 años de conflicto matándonos entre nosotros mismos no es la mejor opción, otros 50 tampoco lo serán. Que el “Ex-presidente tal”  es un “guapo” porque dice que no negociará con ellos, tampoco es la solución, ya tuvo 8 años en el poder y no pudo. Y no pudo porque el enemigo no es pequeño, tener armas da ventaja, tener poder económico da ventajas, tener adeptos da ventajas, ser parte activa del conflicto da ventajas, ser Colombiano da ventajas y por eso hay que sentarse a negociar. En un país donde al sentarse a tomar un café o un trago con amigos hace que terminemos siendo familiares, hay que pensar que tal vez muchas familias esperan por esos guerrilleros en sus casas, madres, esposas, hermanos, amigos, vecinos, en su mayoría obligados, engañados o necesitados pero al final, Colombianos también.
No es lo mismo negociar con los paramilitares que decían luchar al lado del estado con un enemigo común que se supone era la guerrilla, que negociar con la guerrilla que es el enemigo palpable y acérrimo del estado. No es igual. La paz se negocia con el enemigo (Se supone que los paramilitares no eran enemigos del estado y tampoco digo que fueran amigos)  lo de las autodefensas fue una desmovilización, un buen negocio para ellos, dejan de traficar, pagan unos años de cárcel y listo. Ya este año salen libres los primeros.
Negociar implica concesiones, ningún proceso de paz ha sido libre de concesiones. Ninguno.
No se preocupe por ver a un izquierdista en el Congreso, el tiempo y la historia nos dan la razón, mire el caso Petro, Robledo, Venezuela, Corea, Cuba, mucho hablar pero en realidad un completo desastre.
En el gobierno del Ex-presidente Uribe se hicieron grandes logros, se recuperó terreno que había ganado la guerrilla, se ahorró, se plantearon planes de competitividad de cara al futuro del país, TLC´s, Vías, Recaudo, se desmovilizaron los paramilitares, entre otras. También cometió errores como todos, pero  fue un buen gobierno. Tuvo su momento, su tiempo,  lo  hizo bien y ahora debe dedicarse a ser lo que hacen todos los ex presidentes del mundo menos los nuestros, ser ex-presidentes.
 Ese fue su aporte. Gran Colombiano, pero tampoco nos dejó el paraíso terrenal, hizo lo que pudo.
El gobierno Santos ha hecho lo propio, invertir bien lo que ahorró y recaudó el gobierno anterior, ha mantenido las políticas sociales, las ha incrementado, mejorado, mantiene sanas las finanzas, aumentó el recaudo, firmó  TLC´s, y su gran aporte, apostarle a la paz. ¿Errores? Por supuesto. ¿Tiempo? Aún le faltan los otros 4 años.
Porque si nos consideramos justos y honestos, debemos dar las mismas oportunidades a todos.
Para mí un político es un soñador, esa persona que ve y lucha un mejor país, una persona que cree que se puede, y como todos,  tiene el derecho a equivocar. ¿Cuántas veces? Muchas, como  todos, la diferencia entre un político y nosotros es que él decide tomar el riesgo de querer hacer mientras usted y yo  estamos al otro lado de la barrera pensando si vamos a votar, pensando que somos perfectos, que tenemos la solución a todo y pensando si vamos a seguir aprendiendo a odiar.
A mi juicio en materia de seguridad los avances no son muchos, hace alrededor de 25 años el psicólogo de mi colegio en una impactante clase nos decía: “la situación del país está tan grave que usted no sabe si luego de salir de casa regresa vivo” Hoy luego de los gobiernos de Barco, Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe y Santos la situación es tal que no sólo no sabemos si regresamos, hoy podríamos desaparecer y nunca volver. Por eso hay que apostarle a la paz.
¿Con que autoridad hablo de paz? Con la autoridad que me da el que la violencia de este país que decimos amar hace 28 años me haya arrebatado a mi padre, este país que con su “guerra interna”  durante más de 20 años me puso a orar cada noche encomendando a mis familiares militares a la gracia divina, porque la guerra se vive de acuerdo a lo involucrados que estemos, si no tenemos familiares o amigos en las fuerzas militares tal vez no nos importa mucho.

No tener la guerrilla como enemigo es poder empezar a soñar una Colombia lista para iniciar a vivir la transformación económica de Chile, a tener la inversión en infraestructura que tiene hoy Ecuador, el fenómeno turístico de Perú, una Colombia en cuyo diario vivir ya no estemos aprendiendo a odiar.

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