LOS JEFES


Los jefes…los jefes, los hay de todos los “pelambres”  hombres y mujeres, altos, bajos, gordos, flacos, de buen y mal genio, los que saben y los que no, los que son jefes pero nadie sabe de qué Hptas, como Lucho Garzón que es jefe de algo y nadie sabe ni le importa, pero es jefe ¿o ya no?

Los que siempre están y dan buen ejemplo, los que nunca están pero cobran como si estuvieran, los que son “un plato” (no sé qué quieren decir con un plato pero algo son), los déspotas, los que saben mucho, brillantes, los que sólo saben quedar bien con los superiores, los afortunados, los madres, bien y mal parecidos…y también “malparidos”

Mi primer jefe fue un señor llamado Darío, responsable, buena gente y buen jefe. Almacén Valher año 89 en la 7ª con Jiménez Bogotá. Yo era el mensajero, ese joven que corre entre las sucursales para traer los trajes de la talla requerida, que compra los hilos, consigna, compra los buñuelos y los tintos de todos, y que en la calle siempre va en “pura” y se las sabe todas. Mi madre me mandó a trabajar para que yo mismo me comprara los regalos de navidad, época difícil y en la que ya “gestaba mi idea de escribir”, los tiempos del terror de Pablo Escobar.

A Darío le llegó lo buena gente hasta la bomba del DAS que le volvió “nada” el apartamento; él vivía cerca de este lugar y la onda expansiva de la explosión le rompió todos los vidrios y ya se imaginaran el mal genio y rabia con que quedó posteriormente. Claro que conmigo no se metía mucho el hombre porque la jefe de él era mi tía querida, así que pisaba suave el “de malas Darío”.

Luego trabajé con un hermano de mi tía, esta vez en el barrio Restrepo de la capital, otro mundo. Este jefe tomaba “aguardientico” a cualquier hora, y yo ni corto ni perezoso me dejaba invitar al fin y al cabo era el jefe ¿o no? Buena garra este hombre, el año pasado volví a conversar con él aún sigue con el mismo negocio y no cambia absolutamente nada, igual de calvo, tranquilo y bebedor.

Jefes, todos tenemos uno o varios (que es una desgracia tener varios porque ninguno se pone de acuerdo). No sabría decir se es mejor tener jefes hombres o mujeres, las féminas dicen que es mejor hombre porque las mismas mujeres entre ellas se “tiran a matar” creo que los hombres coincidimos en que nos es indiferente y si es mujer, y está bien buena pues “Rico” no le da pena a uno salir con ella.

Tuve una, buena persona, buena profesional, responsable, cumplidora de su deber, madre y esposa, y si, bonita (porque me imagino que usted estaba pensando que yo iba terminar diciendo que era fea)

Del físico de la jefe nadie hablaba, pero cuando se puso “delantera”…ay Dios…ahí si se le dejaron venir los enamorados a la jefe…mejor dicho.

 

Jefes grandes maestros. Tuve uno, mi gran amigo y maestro, inteligente, bien parecido, conquistador y todas esas vainas (Eso decían las mujeres). Teníamos la no muy sana costumbre de hacer actividades fuera de la oficina los viernes, es de resaltar el alto estado de alicoramiento en el que retornábamos a nuestros hogares y la “felicidad” con que cada una de nuestras esposas nos recibía. Esa vueltica duraba 6 días (la felicidad de las esposas) y se repetía el ciclo.  La esposa de mi amigo decía que yo era una mala influencia y que lo estaba dañando,  yo le decía a mi esposa que él era el jefe y tenía que hacer lo que él dijera así fuera tomar trago. Días aquellos y nosotros un par de desconectados.

En fin, los jefes, personajes que siempre están en la palestra, nunca tienen a todos los empleados contentos, siempre son motivo de crítica y como decía mi maestro “a los jefes sólo nos envidian el sueldo”, porque sobre ellos recae toda la responsabilidad de las empresas y/o secciones que manejan, algún día me tocó el turno de ser gerente “ayyy diomio” Sea jefe y verá, uno se convierte en algo así como un cura, un portador de problemas ajenos, el responsable de una mano de zánganos la cosa más tremenda, eso de ser jefe no es tarea fácil, allí me tocó despedir a 2.

 

Un día un jefe y yo hicimos una embarrada tremenda, imagínese usted algo así como si los almacenes ÉXITO no pudieran vender pescado en Semana Santa por culpa de dos personajes como mi jefe y yo…algo así…de ese tamaño la “embarradita”.

Mi jefe me dijo: “guevón” ¿qué vamos a hacer?  ¿Encomendarnos a la Santísima Trinidad?

Y yo al ver que de esa no saldríamos bien librados le dije:

Jefe, a mí un tío me enseñó que la Santísima Trinidad no ampara ningún malparido, así que dejémonos de maricadas y camine mejor “frentiemos”

Comentarios

  1. Ahh yo si que tengo tela pa cortar de los jefes... hay unos que son una completa peste... esos que son una caranga resucitada, cuando eran colegas .. bien lambones y cuando suben de jefes ni se acuerdan de las platas que deben...... cuando quieras te comparto algunas anecdotas!!!

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  2. Gracias por leerme, bienvenidas todas las anécdotas, podemos hacer varios escritos sobre los jefes porque efectivamente falta mucho por hablar de ellos jajaja. Saludos!

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